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Relatos

Relatos de Pediatría en el Hospital Padre Hurtado

Si bien no tengo imágenes físicas que muestren todo el trabajo que se hizo en estos últimos meses en mi querida pediatría (UGCN), les diré que fue grandioso. Y cuando hablo de pediatría no solo pienso en una sola área, sino en sus tres áreas en conjunto: Urgencia, Hospitalización médico-quirúrgica y UCIP.

Mi función no es de atención clínica directa, tal vez lo toco tangencialmente, mi labor es más bien administrativa, pero no por ello menos importante.

En estos últimos tres meses me tocó ver como el personal de pediatría fue superando sus propios miedos y temores, acumulando entereza para entregarse a la situación del momento.  Pasamos de ser un servicio netamente pediátrico a tener sólo pacientes adultos, con múltiples necesidades físicas, médicas y esencialmente emocionales/espirituales.

En cada una de las áreas fui espectadora y participé de cómo se organizaban en torno a dar un trato digno a los pacientes,  en el cuidado diario cariñoso y  en las múltiples ideas para conseguir ayuda y tener elementos de aseo personal. Suficientes, pijamas, pañales, pantuflas, porque la necesidad superaba a lo que el hospital ya estaba entregando.
Todos, sin un acuerdo previo, estaban concentrados en dignificar a los pacientes, como si fueran parte de sus propias familias. Todos se acercaron a la muerte con temor, pero se sobrepusieron a su propio dolor y al del paciente, para consolarlos y acompañarlos en su partida.

En la Urgencia vi creaciones preciosas: bolsitas con artículos de aseo hechas por las propias manos del personal, con recursos que recolectaron entre ellos mismos. En el ACB hubo iniciativas a través de redes sociales para conseguir ayuda y mantener el cuidado digno y humanizado de estos pacientes con aromaterapia. En el ACC y las otras áreas vi al personal de enfermería esmerarse en el confort de ellos, en acompañarlos con cariño a través de palabras, gestos, caricias y hasta música.

Vi a mis colegas y a su personal lidiar también con el cuidado de muchas personas a diario, superándose a sí mismos frente al dolor de la descompensación o la partida, para siempre dar lo mejor.

También fui espectadora del lado más oscuro de esta pandemia, el de los pacientes graves, con intervenciones múltiples por varios días, con días buenos y  otros malos, con un equipo de salud que trabajó en equipo día a día para superar a la enfermedad,  y siempre liderado con positivismo para sacar adelante al paciente crítico.
En todas las áreas muchos pacientes fueron acercados a su familia a través de medios digitales con video llamadas, cartas, dibujos o mensajes que «apretaban el corazón», pero que eran un bálsamo para los pacientes en su estado de enfermedad.

Tal vez me quede corta con todo lo que relato y no haga juicio a todo el despliegue de energía de mi equipo.

Ha sido un periodo difícil, para todos, pero con muchas cosas positivas: aprendimos a manejar al paciente adulto y sus patologías, aprendimos a valorar y re dignificar al paciente, nos hicimos más humanos, empatizamos con mayor conciencia, desarrollamos la creatividad, nos acercamos a Dios y por sobretodo crecimos como personas.

Hoy escribo esto, con plena conciencia, para agradecer a cada uno de los funcionarios de pediatría en sus diferentes funciones: administrativas, de apoyo, personal de enfermería, médicos y sus respectivas jefaturas. Sin ellos, sin su compromiso  y esfuerzo, esto no habría sido posible.

Por último, no puedo dejar de agradecer a Dios por haberme permitido vivir esta experiencia de cerca, a ratos dolorosa, pero llena de un futuro de esperanza.