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Relatos

Temor a ser humanos

Por Dr. Víctor Navia

Cuánto hemos tenido que cambiar. Ya no nos hablamos como antes. Ya no nos miramos como antes. No reímos en los pasillos como antes.

Que tremendo sentir alegría y no poder reír. Sentir miedo y no poder gritar. Sentir pena y no poder llorar. Tantas emociones que tenemos acumuladas.

En estos momentos el trabajo en equipo se transforma en un escuadrón de guerra. Una guerra contra la pena y la injusticia de ver morir sin poder ofrecer una despedida digna.

Nuestro trabajo nos exige dar vida, dar salud. Nunca nos hablaron de la muerte, de saber dar malas noticias. Las manos que creímos grandes hoy se hacen pequeñas ante esta pandemia que se hace eterna en cada minuto que pasa.

No hay día que pase sin pensar en cómo buscar soluciones. En cómo ayudar a que esto sea más llevadero, pero no hay poder individual que lo haga posible. El poder viene del trabajo coordinado de un equipo comprometido.

Al llegar a nuestras casas muchas veces no podemos contar lo que vieron nuestros ojos. No queremos asustar a nuestras familias. Una de las penas, por ejemplo, es no poder despedir a las personas que mueren. Es triste. Una pena devastadora se vive en este “estado de guerra”.

Muchas veces quisiera detener el tiempo. Ponerme una armadura. No afectarme. Que nada me dañe. Que esos llantos no me mojen. Que esos gritos no me hagan doler los oídos.

Ser profesional de la salud y salvar vidas lo veía antes como una sola cosa.  Hoy, en los días más críticos, el cuidar y el otorgar dignidad en la muerte pasa a ser un bálsamo ante el sufrimiento.

Somos humanos, aunque muchos crean lo contrario. Los profesionales de la salud también sentimos y se nos hace vital expresar nuestras emociones.